lunes, 10 de mayo de 2010

El Uruguay del 900










"Montevideo programó festejos a los grande para saludar el nuevo siglo que llegaba. Pero pudo cumplirlos sólo en parte. El siglo XIX se despidió con un 31 de diciembre de 1900 encapotado y desapacible; y el 1º de enero de 1901 llovió a cántaros. De ese modo, las fiestas al aire libre quedaron arruinadas, con el consabido desencanto de todos. Las suspensiones más lamentadas fueron las de unas espectaculares exhibiciones que había programado la Marina, y la de una grandiosa batalla floral que iba a tener lugar en pleno Centro. No obstante, se cuenta que en los ratos en que el agua y el viento amainaban, la gente se volcaba en los lugares céntricos y colmaba confiterías y cafés, avenidas y paseos. Se vivía un contagioso clima de fiesta, bajo el efecto de saber que se estaba trasponiendo el umbral augusto e incierto que divide a un siglo de otro. No era de extrañar que, eufóricos bajo aquellas sensaciones, los más de los paseantes llevaran flores y banderitas, y que todos se saludaran y felicitaran aun sin conocerse.
(...) A pesar de la lluvia que estropeó los actos, la ciudad amaneció engalanada. Banderas y flores, estandartes y guirnaldas, adornaban - o creían hacerlo, cuando menos- los frentes de las casas y las vidrieras de los comercios.
(...) Lo que no hubo necesidad de suspender fueron los bailes programados en numerosos locales sociales. Allá se lanzaron los montevideanos, como renovados por el cambio de época, a acometer polkas, lanceros, mazurcas y valses, y a lo mejor algún tango pasado de contrabando. Hubo bailes en todas las escalas sociales y para todos los gustos. Desde los de más alto rango en el Club Uruguay, con sus copetudos despliegues acostumbrado, hasta los más democráticas 'bailes para familias' en el Centro Gallego, en la Sociedad Francesa, y en varias entidades más.
(...) A pesar de estas adversidades climáticas, Montevideo recibió con su mejor talante a la centuria que se estrenaba, sin sospechar que ésta se encargaría muy pronto de enfriar entusiasmos y esperanzas, al traerse bajo el poncho complicaciones caseras (1904) y mundiales (1914); y de ahí en adelante."
(Schinca, Milton - "Boulevard Sarandi. Tomo 4". Ed. Banda Oriental. Montevideo, 1992. pp. 22, 23 y 24)

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