viernes, 3 de junio de 2016









"Montevideo programó festejos a los grande para saludar el nuevo siglo que llegaba. Pero pudo cumplirlos sólo en parte. El siglo XIX se despidió con un 31 de diciembre de 1900 encapotado y desapacible; y el 1º de enero de 1901 llovió a cántaros. De ese modo, las fiestas al aire libre quedaron arruinadas, con el consabido desencanto de todos. Las suspensiones más lamentadas fueron las de unas espectaculares exhibiciones que había programado la Marina, y la de una grandiosa batalla floral que iba a tener lugar en pleno Centro. No obstante, se cuenta que en los ratos en que el agua y el viento amainaban, la gente se volcaba en los lugares céntricos y colmaba confiterías y cafés, avenidas y paseos. Se vivía un contagioso clima de fiesta, bajo el efecto de saber que se estaba trasponiendo el umbral augusto e incierto que divide a un siglo de otro. No era de extrañar que, eufóricos bajo aquellas sensaciones, los más de los paseantes llevaran flores y banderitas, y que todos se saludaran y felicitaran aun sin conocerse.
(...) A pesar de la lluvia que estropeó los actos, la ciudad amaneció engalanada. Banderas y flores, estandartes y guirnaldas, adornaban - o creían hacerlo, cuando menos- los frentes de las casas y las vidrieras de los comercios.
(...) Lo que no hubo necesidad de suspender fueron los bailes programados en numerosos locales sociales. Allá se lanzaron los montevideanos, como renovados por el cambio de época, a acometer polkas, lanceros, mazurcas y valses, y a lo mejor algún tango pasado de contrabando. Hubo bailes en todas las escalas sociales y para todos los gustos. Desde los de más alto rango en el Club Uruguay, con sus copetudos despliegues acostumbrado, hasta los más democráticas 'bailes para familias' en el Centro Gallego, en la Sociedad Francesa, y en varias entidades más.
(...) A pesar de estas adversidades climáticas, Montevideo recibió con su mejor talante a la centuria que se estrenaba, sin sospechar que ésta se encargaría muy pronto de enfriar entusiasmos y esperanzas, al traerse bajo el poncho complicaciones caseras (1904) y mundiales (1914); y de ahí en adelante."
(Schinca, Milton - "Boulevard Sarandi. Tomo 4". Ed. Banda Oriental. Montevideo, 1992. pp. 22, 23 y 24)

Uruguay del 900

Demografía

"De acuerdo al Censo (de 1908) el total de la población activa de uruguay era 400172 (39%). La población activa dedicada a Industria y Comercio en todo el país eran 226050 de los cuales 83502 eran analfabetos.
(...) En Montevideo la población activa era de 145570 personas."
(Millot y Bertino - "Historia económica del uruguay. tomo II" F.C.E. Montevideo, 1996. p. 249)
“La tasa de natalidad que había sido cercana al 50 por mil habitantes en las primeras décadas del período estudiado, desciende al 40 por mil en la década de los ochenta y continúa descendiendo situándose en 1907 según el censo de 1908 en 32,39 por mil. La fertilidad disminuye; la edad promedio nupcial de la mujer se eleva a 25 años. El proceso se da más rápidamente en Montevideo.
Paralelamente disminuye la mortalidad, que pasó de 20 por mil habitantes para la década de los ochenta a 13 por mil en el decenio 1906-15. La causa principal fue la disminución de la mortalidad infantil debida a los avances de la medicina (fundamentalmente el control mediante vacunas y sueros de la viruela y la difteria). En este proceso Montevideo se adelantó al Interior.
El corolario fue el envejecimiento de la población, por supuesto que en una dimensión no comparable con la de épocas posteriores, pero significativa comparada con la Argentina y el resto de América Latina. Uruguay fue el país que, como se vió, inició más tempranamente dicho proceso, que coincide con el de Europa Meridional..”
(Millot y Bertino, ob. cit. p. 31)


el disciplinamiento
"El investigador de la historia de la sensibilidad advierte que hacia 1900 está en presencia de sentimientos, conductas y valores diferentes a los que habían modelado la vida de los hombres en el uruguay hasta por lo menos 1860. Una nueva sensibilidad aparece definitivamente ya instalada en las primeras décadas del siglo XX aunque perviven -tal vez hasta hoy- rasgos de la anterior 'barbarie'.
Esa sensibilidad del Novecientos que hemos llamado 'civilizada', disciplinó a la sociedad: impuso la gravedad y el 'empaque' al cuerpo, el puritanismo a la sexualidad, el trabajo al 'excesivo' ocio antiguo, ocultó la muerte alejándola y embelleciéndola, se horrorizó ante el castigo de niños, delincuentes y clases trabajadores y prefirió reprimir sus almas, a menudo inconsciente del nuevo método de dominación elegido, y, por fin, descubri´`o la intimidad transformando a 'la vida privada', sobre todo de la familia burguesa, en un castillo inexpugnable tanto ante los asaltos de la curiosidad ajena como ante las tendencias 'bárbaras' del propio yo a exteriorizar sus sentimientos y hacerlos compartir por los demás. En realidad, eligió, para decirlo en menos palabras, la época de la verguenza, la culpa y la disciplina.
(...)
Un modo de producción nuevo -como el que estaba gestándose en el uruguay de 1860 a 1890- implicaba cambios en la sensibilidad, modificaciones del sentir para que a la vez ocurrieran transformaciones sustanciales en la conducta. Y así, sensibilidad y cambio económico entrelazados, no son ni causa ni efecto el uno del otro, sino factores que tanto se abren camino juntos como se limitan y se obstruyen el paso. Lo que cuenta en estos lazos entre sensibilidad y modo de producción es, entonces y antes que nada, advertir su correlación, notar que cierto esfuerzo de ascetismo de toda la sociedad fue contemporáneo de su 'modernización' y que ambos fenómenos se alimentaron mutuamente y se necesitaron."
(Barrán - "El disciplinamiento" Ed. Banda Oriental. Montevideo, 1991. p. 11 y 22)


La división de la riqueza
"En síntesis, no parece aventurado concluir que al país se lo repartían casi en partes iguales entre los medianos y los grandes propietarios. El minifundio, que ocupó una superficie deleznable, agrupó en cambio a más del 50% de los que se denominaban 'propietariios rurales'. El desequilibrio era notorio. Pero también saltaba a la vista un rasgo insospechado: la relativa importancia de la clase media rural: cerca de 20 mil propietarios poseían el 50% de la campaña. El peso de los latifundistas, sin embargo, seguía siendo inmenso: 1400 personas controlaban la otra mitad del Uruguay. "
(Barrán y Nahum - " Historia rural ..." Tomo VI, p. 276)

“Se comprende mejor aquella sociedad del 900, si se la coteja con ésta en la que vivimos cien años más tarde, a la que conocemos, supuestamente, mucho más. Por debajo de las diferencias que son desde luego muchas, hay un fondo común en el que se recuesta el conjunto desde hace más de un siglo. No era, ni sería una sociedad excesivamente jerarquizada, de porte oligárquico. Proyectaba más bien una matriz igualitaria, ciudadana, polémica y por extensión partidista, pero raramente excluyente cuando argumentaba a favor de su legitimidad. Pero era también más joven, más extranjera que la de hoy; muy urbana, aunque bastante menos en el 900 que en el 2000.
(...) El Censo de 1908 demostraría que la población uruguaya había logrado multiplicarse por trece en el siglo XIX; el censo de 1996 permite apreciar que en el siglo XX apenas alcanzó a triplicarse... En el 900, los jóvenes eran uruguayos y sus padres y abuelos mayoritariamente extranjeros. La proporción actual de extranjeros en el país es de 3%; la mitad de ellos de América y fundamentalmente de la Argentina. En 1908 la proporción de extranjeros llegaba al 18%. (...)
El Uruguay ya era en el 900 un país ‘vacío’, pero no estancado; (...)
Midiendo ingreso, gasto, propiedad y valores, apenas puede afirmarse con sobrado fundamento que aquella era una sociedad plural –esto es, con más de dos sectores o clases-, desigual y, en términos comparativos, débilmente tensionada. Era una sociedad ‘burguesa’, en el sentido que estaba por los deseos del ascenso y el temor al descenso. Era burguesa en tanto sus caminos interiores estaban relativamente abiertos, para ser transitados desde la industria, el comercio minorista, la agricultura, el empleo público y la educación.”
(Rilla en “El 900” tomo 1, Ed. Cal y canto. Montevideo, 1999. pp. 19, 20)

la creación intelectual
“Al finalizar el siglo XIX, nuestra vida intelectual y artística sufrió una extraordinaria conmoción. Aparecen valores superiores en todos los géneros: filosofía, ensayo, novela, poesía, teatro, narración breve. Los nombre de Carlos Vaz Ferreira, José Enrique Rodó, Carlos Reyles, Julio Herrera y Reissig, Florencio Sánchez representan figuras definitivamente consagradas.
No obstante, la creación intelectual y artística de este período no se hizo bajo el signo de la esperanza. El decadentismo europeo había contagiado al alma de América; y como ocurrió con todas las repercusiones ideológicas, también ésta llegó con retraso.
(Pivel Devoto – “Historia de la república oriental del uruguay”. Ed. Medina, p. 421)

la educación
“El Novecientos no sólo retomó y amplió el impulso dado por la reforma vareliana a la Enseñanza Primaria, sino que alentó la formidable expansión de la Enseñanza Secundaria que vió crecer su alumnado de un efectivo promedio de 300 en 1887 y 1902 a 3330 en 1916”
(Barrán y Nahum, “El Uruguay del Novecientos” Ed. Banda Oriental)


“También en el ámbito de la enseñanza universitaria, el Novecientos protagonizó un avance significativo del alumnado (...) de 1903 a 1915, en 13 años, el estudiantado universitario se triplicó, pasando de 4 cada 10000 habitantes durante todo el período 1882-1902, a 9 por 10000 habitantes”.
(Barrán y Nahum, “El Uruguay del Novecientos” Ed. Banda Oriental)

Economia

“Alrededor de 1895 se inicia un período de expansión de la economía mundial que se extiende hasta el fin de la Primera Guerra Mundial. Significó una mayor demanda y el alza de los precios de la mayoría de los productos exportables. A partir de 1986 también las condiciones de crédito –por lo menos para los grandes estancieros- mejoraron con la fundación del Banco de la República.
En este marco se produjo un crecimiento en la producción; los volúmenes crecieron no sólo por el aumento de los stocks sino también por aumentos de la productividad en carne y lana por cabeza de ganado, debido al avance del mestizaje. Una etapa importante de este proceso comienza con la creación del primer frigorífico (1905). Luego de un período de auge lanero, el mestizaje vacuno acicateado por la demanda y al amparo de la paz interna (1904), se acelera.
El mestizaje y la instalación de los frigoríficos constituyó el hecho fundamental en la ganadería de este período. La paz y la mayor rentabilidad derivada de los altos precios inducen al desatesoramiento y permite incrementar las inversiones.”
(Millot y Bertino, ob. cit. p. 81)


“El continuado dinamismo de la economía capitalista de Europa occidental generó estructuras dominantes en las que se concentró el grueso de las actividades industriales, y zonas dependientes especializadas en la producción de productos primarios. Dentro de ese esquema de división internacional del trabajo, el Uruguay se organizó económicamente y expandió sostenidamente su producción entre 1870 y la década del veinte. Fueron especialmente relevantes en este proceso, el desarrollo de la navegación transatlántica y de los métodos de refrigeración de la carne y el aumento de los niveles de consumo de la población europea.
Las condiciones naturales (suelo, clima), la reducida población y las bajas exigencias en materia de capital y de nivel tecnológico –ambos factores escasos en el Uruguay- determinaron que el sector ganadero extensivo pudiera producir en condiciones de competencia con el exterior.”
(“El proceso económico del Uruguay” Universidad de la República. F.C.E. 1969. pp. 27 y 28)


“El desempeño de la economía uruguaya en la primera mitad del siglo XX, cuantificado en función de la riqueza creada muestra tres momentos de importante crecimiento. (...) las fases de expansión se ubican en la primera década del siglo (hasta 1912), los años veinte (hasta 1930) y la segunda posguerra (hasta 1957). En ellas, se logró acompañar el crecimiento de los países capitalistas avanzados, impidiendo con ello la ampliación de la brecha en los niveles de riqueza y, en particulares circunstancias, hasta reducirla transitoriamente. Los desempeños exitosos señalados permitieron un mejoramiento de nivel de vida en general como resultado del incremento de la cantidad de bienes a disposición de la población. Así lo evidencia el crecimiento del PBI por habitante.
(...) En las últimas décadas del siglo XIX los cambios en la estructura económica y los arreglos institucionales, concretados en el marco de la modernización del Estado, hicieron posible la inserción de la economía uruguaya en el mercado mundial capitalista. El patrón de comercio internacional predominante entonces y durante las primeras décadas del siglo XX, ofreció la oportunidad de participar activamente como proveedor de bienes primarios, especialmente cueros, lana y carne.
Por lo tanto, al comenzar el siglo XX, Uruguay había encontrado la manera de incorporarse en forma relativamente exitosa al comercio mundial y su economía crecía inducida por la dinámica exportadora. Este modelo agroexportador concretó un proceso de crecimiento relativamente sostenido del PBI del orden del 3,3% anual entre 1909 y 1912.
La crisis de 19113 y la Primera Guerra Mundial abrieron un paréntesis de una década en esa fase de crecimiento.”
(“El uruguay del siglo XX” Instituto de Economia. Ed. Banda Oriental. Montevideo, 2001. pp. 10 y 11)

domingo, 29 de mayo de 2016

Uruguay del 900 (la perspectiva de Reyes y Melogno)

 "El Centro -como se lo denominó desde entonces- fue el lugar de residencia y actividad de la 'high life' montevideana, integrada cada vez más por familias formadas por la unión de descendientes del viejo patriciado con nuevos ricos, inmigrantes o hijos de inmigrantes.
Esta gente principal, nueva oligarquía de origen patricio-plebeyo, comprendía grandes terratenientes, banqueros, grandes comerciantes e industriales y gerentes y abogados de las compañías extranjeras radicadas en el país. Pero, como nuevos intérpretes y, en parte, herederos de la polifacética condición del antiguo patriciado, había grandes industriales con estancias, acaudalados comerciantes con saladeros, barraqueros que acrecentaban su patrimonio con títulos de Deuda Pública, tierras y grandes molinos, configurando un ejemplo de unidad dentro de la variedad.
Del conjunto del sector rural de la clase alta -formado por unas 1300 familias, el 2% del total de la sociedad ganadera, a las que pertenecía, aproximadamente, el 40% de la tierra de producción-, alrededor de una cuarta parte era ausentista, viviendo en Europa, Brasil o Montevideo, o sea que estaba en la misma situación que sus antecesores históricos, los viejos vecinos feudatarios del Real de San Felipe y Santiago. Otros mantenían casa abierta en las capitales de los departamentos o en la ciudad-puerto, llegando a esta en verano o en los crudos meses del invierno.
En el sector mercantil, además de los grandes comerciantes importadores y exportadores formaban los prestamistas privados, exponentes del antiguo círculo orista.
Por su parte, los grandes industriales -generalmente inmigrantes, de origen italiano, español o francés- eran los recién llegados de la nueva oligarquía; ya no se trataba de los humildes artesanos de 1880, aunque solían recordar sus viejos tiempo para probar a los obreros que resultaba posible el ascenso social. " (Reyes, W., Melogno, T. (2000) Crónica General del Uruguay. 6 El siglo XX Tomo 1. Montevideo: Ed. Banda Oriental.. p. 118)


"Aunque los accionistas de las empresas inglesas vivían en Londres, Manchester o Liverpool -...- sus gerentes, abogados y administradores residían en Montevideo. Había en la capital una colonia británica con su clug y su escuela exclusivos, su periódico 'The Montevideo Times', y su Iglesia Anglicana, el llamado Templo Inglés. Múltiples lazos se anudaron entre los inversores extranjeros y el capital nativo. Ambos tenían parte de su dinero colocado en títulos de deuda pública y por ello les interesaba la marcha de las finanzas y en manos de quién estaba la conducción del Estado. Ambos defendían principios similares sobre los que basaban sus lucros y su concepción del mundo: libertad económica, horror a las reglamentaciones estatales y en particular al socialismo bajo todas las formas conocidas. (...)
Emparentados por matrimonios y viejos padrinazgos, concurriendo a los dos clubes aristocratizantes – el Uruguay, el Jockey-, hablándose en las reuniones de accionistas del Banco Comercial o en las de la comisión directiva de la Asociación Rural, abonándose a la temporada de ópera en el Solís, concurriendo a las grandes veladas organizadas por damas particulares dotadas de tacto (...), se conocían, intimaban y, por fin, se unían. (...)
La mayoría enviaba a sus hijos a colegios privados, a menudo religiosos. Los hombres no practicaban el catolicismo y hasta se declaraban 'a la page', es decir, liberales. La religión, en la mejor tradición de la burguesía, era 'cosa de mujeres'. (...)" (Barrán y Nahum, en p. 119)

"De gustos y hábitos burgueses, encumbrada por la fortuna y el éxito en los negocios, poseedora algunas veces de apellidos de lustre, sin que le faltara el blasón universitario del título doctoral, esta gente principal gustaba del boato y la figuración, contrastando así con la sencillez, moderación y empaque del antiguo patriciado, al que había desplazado o absorbido. La necesidad de hacer visible, tangible, su status, la ponía de manifiesto, en primer término, con su afán de lucir su casa, ricamente amoblada y decorada." (119)

"... perdió vigencia el salón de los tiempos románticos y la sociabilidad invadió las calles principales y los paseos públicos, en una ciudad donde todos se conocían y hacían propicio el salir a pasear para encontrarse. Comenzaba a ser de preferencia la calle Sarandí sobre la de 25 de Mayo, particularmente transitada en el tramo comprendido entre la Plaza Constitución y la de Independencia; algunos paseantes avanzaban por 18 de Julio al este hasta alcanzar la Plaza de Cagancha, a cuyos lados, en la década del noventa, se construyeron el Palacio Jackson -habilitado en 1892, primero que se edificaba para vivencia con locales comerciales y primero con ascensores -y la sede del Ateneo de Montevideo, cuya inauguración tuvo lugar el 17 de julio de 1900.
Pasear y mirar vidrieras -especialmente de las tiendas ubicadas en la primera parte del obligado recorrido- constituían un rito ajustado a reglas que muy pocos osaban violar: la gente principal circulaba por la acera norte -a la que daban los mejores comercios-, mientras que el pueblo lo hacía por la del sur, donde estaban los más modestos." (121)

"Desde el Centro a las 'orillas', desde la proximidad con las residencias de la clase principal hasta los nuevos barrios de la Ciudad Novísima, y aun más allá, vivían los integrantes de las clases medias. De manera general, los sectores que las componían pueden caracterizarse por tener un nivel de ingresos que les permitía el acceso limitado pero real a ciertas comodidades -sirvientes, cercanía al casco urbano, viviendas con agua y luz-, la posibilidad de acceder a la educación media y hasta superior, la seguridad de un sueldo -nunca dependencia de un jornal ni necesidad de trabajo manual- o la independencia que daba la posesión de una industria, taller o comercio a escala familiar y, por fin, como un rasgo tal vez definitorio, la ambición de ascender socialmente, de progresar.
Hacia el 1900, se ha estimado que los sectores medios eran casi el 40% del total de habitantes -290000 aproximadamente- de Montevideo y recibían en conjunto algo más del 50% del ingreso global de la ciudad-puerto, Pero una observación detenida permitía distinguir tres niveles. El bajo, formado por casi un 505 de todos los sectores medios y que recibía algo más del 10% del ingreso global; el medio, compuesto por aproximadamente el 40% y que recibía algo más del 255 del ingreso; y el algo, cercano al 10%, que usufructuaba de casi el 60% del ingreso." (139)

"Desde las zonas alejadas de Peñarol, el Cerro y el Pantanoso, desde Maroñas y la Unión, aproximándose por Nuevo París, el Reducto y la Aguada, por las Tres Cruces y el Crdón, hasta emplazarse en el propio Centro, a cuatro o cinco cuadras de 18 de Julio, se extendía el mundo de las orillas, habitado por los sectores populares.
Hacia 1900, estos sectores constituían algo más del 50% de la población del departamento de Montevideo; lo integraban modestos quinteros y peones rurales, artesanos y obreros urbanos, sirvientes, soldados y policías, en su gran mayoría de procedencia inmigratoria, sin que faltara el elemento criollo del ya iniciado -años atrás- éxodo rural, el 'venido a menos' de la propia ciudad-puerto y algunos enclaves de negros y mulatos." (146)

"Los conventillos -...-, unas veces fueron edificios proyectados ex profeso, con el propósito de albergar en sus muchas piezas el mayor número posible de inquilinos; y, otras, se trataba de antiguas casonas cuyos ambientes eran divididos por medio de tabiques de madera, a los efectos de multiplicar los cubículos a rentar.
Hacia fines de siglo (XIX), los conventillos de uno y otro tipo alcanzaban al millar y medio, albergando en sus 12000 piezas alrededor de 30000 personas. Los había en todos los barrios, desde la aristocrática Ciudad Vieja hasta los Pocitos, desde el caso urbano más densamente edificado hasta la Barra de Santa Lucía.
Representaban el 3.5% del total edificado; promedialmente, por estos años, cada habitación era ocupada por tres personas." (147)

"... los europeos que llegaron a nuestras costas eran adultos y, en su gran mayoría, varones, que se casaron y formaron su familia en nuestro país. Sus hijos -...-, jurídicamente, eran uruguayos, pero pueden ser calificados como 'inmigrados de segunda generación'; y si se considera el volumen del aporte inmigratorio en la segunda mitad del siglo XIX, cabe afirmar que en la primera década del actual, la casi totalidad de los uruguayos eran inmigrantes o hijos de inmigrantes, ya fuera extran jeros sus dos padres o uno de ellos. El hecho era más notorio en la Capital que en el resto del país ...
Asimismo, esta inmigración fue la responsable de la expansión de los sectores secundario y terciario de la nueva sociedad; ello, en lo económico, implicó el incremento del número de ramas de la actividad productiva, en las cuales, a su vez, fueron surgiendo ocupaciones hasta entonces desconocidas en el medio. Este tipo de desarrollo fue posible porque el establecimiento de los talleres de tipo artesanal, que vinieron a hacer realidad el sueño de 'instalarse por cuenta propia', exigía poco capital y una muy modesta tecnología, cosas ambas al alcance de los inmigrantes más emprendedores. Al mismo tiempo que surgían estos talleres -generalmente propiedad de dos o más socios y, en su gran mayoría, con una muy baja relación patrón -asalariado, típica cuando se da el predominio del artesanado- se multiplicaron los pequeños comercios -tiendas y mercerías, bazares y almacenes- que no demandaban grandes inversiones, funcionaban con pocos dependientes y se beneficiaban de la permanente ejxpansión de la ciudad. A su vez, el empleo en la administración pública y en servicios tales como la educación, así como el ejercicio de la profesiones liberales permitieron el paulatino afianzamiento y el ascenso social de estos sectores medios.
También por entonces se formó una clase media rural, integrada por los pequeños y medianos productores agrícolas asentados en los alrdedores de Montevideo, en Canelones, San José y, sobre todo, en Colonia, donde florecían las colonias Piamontesa, Valdense, Suiza ..." (153, 154)

"... la sociedad que los acogía tampoco estaba definida en una cultura nacional y, en consecuencia, los aceptó sin mayores resistencias, congruente con su propia tradición cosmopolita desde los tiempo de la Defensa, franqueándoles todas las puertas para el desarrollo de actividades productivas y comerciales y reservando la conducción de la vida política y del Estado para los integrantes de la oligarquía patricio-plebeya; exclusividad que -...- concluyó hacia la segunda década de este siglo, al formalizarse el movimiento batllista dentro del Partido Colorado." (154)



Algunos rasgos en lo ecónomico y social a principios de siglo asociados al crecimiento del PBI:

- bajo costo de la producción agropoecuaria uruguaya y la muy alta productividad por hombre ocupado
- altos costos de la producción agropecuaria europea y su baja productividad.
- demanda externa de productos agropecuarios que casi siempre superó a la oferta
- existencia de una política europea de alimentos baratos para mantener bajos los salarios industriales y la fijación de los precios de los productos del agro en un mercado librecambista, donde los productores europeos pugnaban por resarcirse de sus cotos y consecuentemente alzaban los precios por encima de los rioplatenses.
- abundante mano de obra aportada por la inmigración (bajos salarios)


la alta renta nacional por las condiciones externas permitió al Estado ofrecer un conjunto de derechos generando un clima de establidad política y paz social.

Población:

1900 – 936120
1908 – 1042686
1919 – 1340732
1929 – 1684915

"Las tasas de crecimiento de la población uruguaya en el período revelan la quiebra del modelo demográfico del siglo XIX. De acuerdo con las cifras obtenidas por el citado Rial, dichas tasas descienden al 1.7% en 1900-10, 1.9% en 1910-20 y al 2.1% en 1920-30. (Desde el máximo de 6.8% anual entre 1852 y 1860 y el 2.9% en la década 1890-1900).
Al estudiar este drástico cambio expresan José P. Barrán y benjamín Nahum que el mismo fue el resultado de la combinación de tres factores, que pueden advertirse desde 1890: la disminución de los aportes inmigratorios; la baja del crecimiento vegetativo; y la aparición de un hecho totalmente nuevo: la emigración de uruguayos hacia los países vecinos.
La disminución del ritmo migratorio se refleja en el censo de 1908 que arroja tan sólo un 17.3% de población extranjera, en franco contraste con el 34.8% del año 1860. Pese a ello, la importancia de la misma seguía siendo notoria, sobre todo en Montevideo y su departamento -un 30.44% de la población-, aunque menor que el porcentaje registrado hasta 1890, siempre superior al 40%.
Respecto al ingreso al país de inmigrantes en el período que estudiamos, se produjo en dos oleadas principales: entre 1905-14 y entre 1921 y 1930. Según las cifras señaladas por Silvia Rodríguez Villamil y Graciela Sapriza, entre 1904 y 1914 habría ingresado un total de 56815, un 5.30% de la población total, con una importante mayoría de españoles, 29719 – más del 50% de la inmigración-, 19686 italianos y el resto de otras nacionalidades. Entre 1921 y 1930 llegaron al país por el puerto de Montevideo, 105313 inmigrantes, ascendiendo al 6.89% de la población total del país. Pereira y Trajtenberg han observado que predominaban entonces los inmigrantes procedentes de Alemania y la Unión Soviética, Europa central y oriental, con un contingente significativo de judíos, y también de países del Cercano Oriente, como Turquía, Siria, Líbano y Armenia, en número de 64395, un 61.155 del total de la inmigración, completado por los tradicionales aportes españoles, 25038, e italianos en número de 15880.
En cuanto al crecimiento vegetativo, éste se vio afectado por la baja de la natalidad, cuya tasa bruta descendió de un 32.57%, en el quinquenio de 1901-05, a un 28.78% entre 1926-30 ..." (Reyes, W., Melogno, T. (2001) Crónica General del Uruguay. 7 El siglo XX Tomo 2. Montevideo: Ed. Banda Oriental. p.10)

"Esta disminución del número de hijos era consecuencia del aumento en la edad de los que contraían matrimonio, particularmente la de la mujer, máxima responsable de la fecundidad. En términos generales, las mujeres, que en el siglo XIX se casaban a los 20 años más o menos, en estas décadas del siglo que comenzaba lo hacían recién a los 25 o más. Por otro lado los hombres, aunque en menor proporción, tenían mayor edad al formar pareja: esperaban a estar 'recibidos' o ' establecidos', es decir, a concluir sus estudios profesionales o tener una 'posición' hecha para sostener una familia.
Pero, asimismo, la caída de la natalidad se hizo más sensible por cuanto la mortalidad también disminuyó, particularmente a causa de los avances de la hibiene y de la medicina. En efecto: la tasa bruta de mortalidad bajó de un 19.09% en el quinquenio 1886-95 a un 14.71% en los años 1906-10 hasta un 12.60% entre 1926-30 ..." (11)


"En 1908, cuando se realizó el Censo nacional, los uruguayos residentes en Argentina se estimaban en 73000 y en 250000 en río Grande del Sur. Y sobre la base de los datos censales argentinos y del Brasil, el citado Juan rial señala la existencia de 86428 uruguayos en la Argentina, en 1914; y de 31750 en río Grande del Sur en 1920.
(...) Como bien comenta César A. Aguiar:

El país era para pocos. Era un país pequeño, poco diversificado y altamente dependiente del exterior, con poca capacidad de absorber las crisis generales en su sector externo. Su frontera había sido alcanzada muy rápidamente, se había configurado un sistema de tenencia de tierra -o, más bien, un orden social ruralo- que se caracterizaba, de por sí, por absorber poca población, y que, por añadidura, encontraba en el 'vaciamiento demográfico' de los campos el correlato que le permitía mantener su rentabilidad. En ese sentido, la raíz de la emigración se encontraba en el orden rural, y allí se generaba también el límite en la capacidad de absorber inmigrantes.
Así crecía Montevideo, no tanto -o no sólo- porque se lo proponían las fuerzas de la ciudead, sino porque, en cada corto plazo, eso era una solución para el campo, que generaba regularmente une xcedente poblacional. Y así también quedaban en Montevideo los pocos inmigrantes que no se iban, porque la sociedad rural no podía albergarlos." (11, 12)


"En 1908, la población en su conjunto podía aún calificarse, convencionalmen te, como 'joven' a punto de comenzar su pasaje a 'madura'. Los menores de 14 años eran el 40.99% de la población y si se sigue el análisis mediante los cuadros elaborado por Pereira y Trajtenberg se advierte que en 1914 eran escasamente el 40%, el 38.7% en 1919, el 37.4% en 1924 y el 34.19% en 1929, mostrando un constante retroceso." (12)

menores de 15 años trabajadores:
- varones 16%
- mujeres 5%

1920 – 36872 obreros industriales
- 15.90% menores

1929 – menores de 14 años en la industria – 1.12%

entre 1908 y 1930- más hombres que mujeres, varió de 103 a 106 cada 100 mujerres (mayoría de inmigrantes eran varones. Esto va a variar luego de la 2 gm.

1908: edad promedio – Uruguay 19, Montevideo 22.

1930 – edad promedio en Uruguay entre 28 y 30 años.

"En 1900 el índice de masculinidad era de 106 hombres por 100 mujeres de toda edad; en 1908, 103 y hacia 1929, probablemente 110. Paradójicamente, allí, donde imperaba el 'vacío demográfico', el sistema productivo de la estancia, al progresar hacia el régimen de empresa, establecía un óptimo de población muy escaso y esta 'frontera vertical' obraba como el ya señalado 'mecanismo expulsor' de población que, al ir paulatinamente, cesando la emigración con destino final a los países limítrofes, se fue limitando a la migración del campo a los centros urbanos y de éstos a Montevideo, protagonizando el fenómeno del 'éxodo rural'. En esta corriente de migrantes internos era notorio el predominio de la mujer -con su secuencia ocupacional de obrera, empleada doméstica y, en el mejor de los casos, esposa y madre también-, y otras veces, 'pupila' de los burdeles suburbanos, de bajo nivel, en triste competencia con las mejor situadas 'cortesanas'extranjeras de las 'pensiones' y 'casas de tolerancia' regenteadas por experientes y 'protegidas' patronas y 'madamas' vinculadas a la red internacional de la 'trata de blancas'. (14)


cambios en el modelo de familia
1908 – familia tipo
interior – 7 u 8 hijos
Montevideo – 4 o 5 hijos

"... Barrán y Nahum, ..., señalan la existencia de tres tipos de familia y el papel relevante de Montevideo en su modificación. Así dicen:

a) en la región ganadera más 'arcaica' del país, con estructura latifundaria en la propiedad de la tierra, alta tasa de analfabetismo y concentración del pobrerío rural, peones y madres solteras, abundó la gran familia de 11 y más hijos. La edad del matrimonio o simplemente de la formalización de parejas -lo decimos por el elevado porcentaje zonal de nacimiento ilegítimos-, era la más temprana de todas las vigentes en 1910-1915: un 25.87% de las mujeres que contrajo enlace lohizo antes de los 21 años en un departamente tipo de esta región, Tacuarembó. La miseria, el rancherío y el peonaje no generaron un comportamiento sexual 'previsor'.
Esto sucedió en Durazno, treinta y Trjejs, Cerrlo Largo, Rocha y Tacuarembó sobre todo. Tres de esos cinco departamentos también tenían en común un atraso manifiesto de sus comunicaciones con Montevideo en 1908, no habiendo llegado el ferrocarril desde la Capital a Rocha, Cerro Largo y Treinta y Tres.
b) en la región agrícola, con formas minifundiarias en la explotación de la tierra, tasa de analfabetismo menor que en la región ganadera arcaica, pero igualmente alta comparada con la de Montevideo, elevada religiosidad confesa al encuestador de 1908, la familia era numerosa, con 7 a 8 hijos. Estaba legalmente constituida y los hijos eran herramientas en el cultivo y, como tales, útles, no pareciendo existir más control de la natalidad que el derivado del retardo en la edad de los cónyuges: sólo un 11.40% de las mujeres que contrajo enlace en Canelones entre 1910 y 1915 lo hizo antes de los 21 años. Las familias de 3 a 6 hijos porcentualmente eran mayoría, pero casi compartían esta posición con las de 7 a 10 hijos en Canelones, Florida, San José y Colonia.
c) En la gran capital, Montevideo, con economía semi industrial, sede del poder político y del empleo público, abundancia de inmigrantes europeos, nivel alto de instrucción primaria y bajo de religiosidad, la familia que tenía indiscutible hegemonía era la de 3 a 6 hijos, seguida, no ya como en el interior por la de 7 a 10 hijos, sino por la de uno o dos. El control de los nacimientos se había logrado por la edad más tardía en el casamiento en toda la República -sólo un 9.76% de los cónyuges femeninos tenía menos de 21 años de 1910 a 1915- y variados métodos anticonceptivos y contraconceptivos." (15)


"El Código Civil, vegente desde 1868, establecía, siguiendo el modelo napoleónico inspirador, una clara disminución de la capacidad jurídica de la mujer -mayor de edad a los veintiún años igual que el varón- respecto de este último. En efecto: si soltera, no podía dar el consentimiento para contraer matrimonio antes de cumplidos los veintitrés años de edad ni dejar el hogar de sus mayores antes de los treinta, sin autorización de su padre o tutor; si casada, no podía disponer de su persona libremente, estando sujeta a la voluntad y decisión del marido, quien, además, tenía la dministración de los bienes que la esposa tuviera en propiedad.
Asimismo, en caso de viudez, le esta impedido ejercer la tutela de sus hijos menores de edad y la función de testigo en cualquier acto o contrato, siendo, en la práctica una irresponsable civil.
"El Código de Procedimiento civil, por su parte, establecía: No pueden ser nombrados jueces, los que no tengan veinticinco años de edad, los sordomudos, los ciegos, las mujeres y los que se hayan procesado por crimen o simple delito."
Más notoria aun era la discriminación en los diferentes criterios existentes para juzgar el adulterio: el marido que sorprendiera a su esposa en 'in fraganti' acto de adulterio estaba exento de responsabilidad penal en caso de matarla o, naturalmente, de herirla. Incluso la ley de divorcio de 1907 reconocía siempre como causal el adulterio femenino, pero el masculino solamente si era cometido en el domicilio conyugal. Y en el caso de llegarse a la separación por causa del adulterio femenino, la mujer perdía los bienes gananciales; aun cuando esta situación, en parte, fue ulteriormente modificada por sucesivas leyes.
En cuanto a los derechos cívicos, éstos recién serían consagrados por la Constitución de 1919 que establecía la autorización al Poder Legislativo para conceder el voto femenino por ley votada por dos tercios de componentes de cada una de las Cámaras." (15, 16)


hijas – concepción burguesa – colocar las hijas -

el Dr. Alfredo Vásquez Acevedo en sus memorias (1905):
"En mi hogar se iniciaron con gran contento para mí los preparativos para los casamientos de Juanita y de Elisita... Digo, con gran contento porque aunque me ha sido siempre doloroso separarme de mis hijos el placer de verlos colocados y bien colocados como han tenido la suerte de serlo, ha compensado bien mis penas." (16)


1885 -1900 – número de mujeres en conventos pasó de 144 a 617


mujeres con alto porcentaje en siguientes empleos:
- compañías telefónicas: 57%
- fábricas de ropa blanca e interiores, y las 2 de fósforos sobrepasaban a los hombres.
- las 4 fábricas textiles, las 26 de tabacos y en las 2 cervecerías superaban el 40%

hermanas Luisi primeras egresadas universitarias. Paulina médica en 1908 y Clotilde como abogada en 1911.

porcentaje femenino en total de la población económicamente activa
1909 – 17.11%
1929 – 18.14%


lucha de mujeres – 2 vertientes – obreras
- sectores medios y altos (universitarias y maestras)

1901 – sociedades de resistencia de lavanderas y planchadoras, año de huelga
1905 – huelga de costureras

luego de luchas y propuestas no logradas en 1932, el proyecto de los senadores Pablo María Minelli y Lorenzo Batlle Pacheco (el mismo que había presentado Brum en 1921) fue sancionado dándole igualdad de derechos civiles y el voto a la mujer.

1946 – ley de los derechos civiles de la mujer

1908 – 30135 obreros
1913 – 42358 obreros

1889 – 8 obreros por empresa en promedio
1908 – 13 obreros por empresa en promedio
aunque la industria artesanal se mantiene la empresa fabril moderna avanza.

A partir de mediados del siglo XIX con los inmigrantes europeos aparecen las ideas socialistas. Seguidores de saint simon, fourier.

Primera organización sindical – 1865 – tipógrafos de los talleres de impresión de los diarios forman una organización de carácter mutual, y en 1870 forman una organización sindical: "sociedad Tpográfica Montevideana"

1872 – se conoce la existencia de la "Sección uruguaya de la Asociación Internacional de Trabajadores"

la sección uruguaya estaba cercana a la tendencia libertaria de Chaux-aux-fonds reunida en Suiza, y no a la de Londres (de hegemonía marxista)

1875 – fundación de la "Federación Regional de la República Oriental del Uruguay", básicamente montevideana y reorganización de la de 1872. impulsada por el francés Renaud-Reynad tipógrafo y periodista participante de la Comuna de Paris.
- reconocida por la AIT en 1877

1901 – se organizan sociedades de resistencia: sastres, penes de barracas, albañiles, foguistas, estibadores, peluqueros, constructores de carruajes, carboneros, curtidores, ladrilleros, constructores de vehículos, fosforeros, zapateros, lanchoneros, alfareros, hojalateros, planchadoras, carpinteros, obreros de cigarrerías, panaderos, pintores, dependientes de almacén, verduleros, cortadores de carnes y peones de saladeros.

La iglesia católica también (desde la encíclica rerum novarum de leon xiii) se involucra en el movimiento obrero

3er congreso de la FORU en 1911:
"La completa emancipación del proletariado, creando sociedades de resistencia, federaciones de oficios afines, federaciones locales , consolidando la nacional, para que así, procediendo de lo simple a lo compuesto, ampliando los horizontes estrechos en que hasta hoy han vivido los productores, dándoles a éstos más pan, más alimento, más pensamiento, más vida, podamos formar con los explotados de todas (las regiones) la gran confederación de todo los productores de la tierra, y así solidarizados podamos marchar firmes y decididos a la conquista de la emancipación económica y social." (32)

los anarquistas, no sólo trabajaron desde las sociedades de resistencia, proclamaban vivir bajo una moral determinada que implicaba el rechazo del acoholismo, el tabaquismo, además de no legitimar sus vínculos a través del Estado. También algunos adherían al naturismo, rechazando la medicina convencional y llevando adelante terapias naturales (agua, alimentación vegetariana)

el anarquismo no tuvo influencia en el medio universitario, se desarrolló sobre todo en los medios obreros.
1898 – se fundó el Centro Internacional de Estudios sociales por parte de un grupo de obreros sastres, allí fue un centro de irradiación cultural y social del pensamiento anarquista. Por allí pasaron. Florencio Sanchez, Roberto de las Carreras, Rafael Barret, Angel Falco, etc. Y Jean Jaurés, Anatole France, Enrico Ferri, José Ingenieros.
También fueron protagonistas las mujeres: Maria Collazo fundo en 1917 el periódico "La Batalla"


revolución rusa de 1917 y crisis de posguerra impactó en movimiento obrero

"En 1921 y 1922 varios sindicatos se separaron de la FORU y constituyeron un llamado 'comité de Unidad Obrera' que, en 1923, creó una nueva central: la 'Unión Sindical Uruguaya' (USU). En su carta orgánica, aprobada en el Congreso celebrado del 19 al 23 de setiembre de 1923, se adoptaba una clara definición anarco sindicalista ..." (34)

sindicatos afines al partido comunista querían que la USU se integrara a la Internacional sindical Roja, impulsaron la supuesta Unidad sindical (que ya se había impulsado cuando sólo existía la FORU), pero el "block" como se le llamaba a los sindicatos favorables a la URSS, éstos en 1929 llamaron a un congreso para una nueva Central obrera: entre el 10 y el 12 de mayo de 1929 se forma la Confederación General del Trabajo del Uruguay.
A esta confederación se van a integran una buena cantidad de sindicatos, pero el movimiento obrero estaba debilitado, a pesar de haber crecido la cantidad de obreros, la afiliación a los sindicatos era la misma cantidad de la 1913: 7000


El Batllismo






“... el Uruguay ... en el primer cuarto del siglo fue repatriando sin pausa su deuda externa mientras que todo el cerco de garantías se completaba con la política de nacionalización de los servicios públicos que es uno de los timbres de orgullo del Batllismo. Si ya antes de él y durante la década del noventa habían sido preservados para el país el Banco Hipotecario (1892) y el Banco República (1896), fue el impulso batllista el que completó la obra y rescató lo rescatable. Contra muchas reticencias internas, contra presiones internacionales, cautas pero evidentes, se nacionalizaron totalmente el Banco de la República (1906-1911), el Hipotecario (1912), se estableció el monopolio de los seguros más importantes y se organizó su Banco (1911), se estatizaron los servicios del Puerto (1916), se crearon los ferrocarriles del Estado (1912), pasaron a manos públicas los servicios de energía eléctrica (1912), los telégrafos (1915), se planteó la orientalización del cabotaje (1912) y se proyectó –desde los primeros años del Batllismo- la nacionalización y el monopolio estatal del alcohol, el tabaco y las aguas corrientes. Hacia el final del primer tercio del siglo se formó (no sin resistencia batllista en cuanto a su carácter mixto y privatista) el Frigorífico Nacional (1928) y fue la Administración de las Usinas y Teléfonos del Estado (1931) la última gran expresión del período que fenecía.”
(Real de Azúa, Carlos – “El impulso y su freno” Ed. Banda Oriental. Uruguay, 1964. p. 23)


“Sea ha hecho referencia a la industrialización. Todo el curso del Batllismo sería virtualmente inexplicable sin esta pieza fundamental. Ya las leyes de 1875 y 1888, reaccionando contra el librecambismo de 1860 había echado sus bases y le habían impreso las características previsibles; industrias livianas, de consumo, de las llamadas ‘tradicionales’ en la terminología desarrollista. Solo más tarde, las dos guerras mundiales serían las que lo impulsarían sustancialmente y esto con todas las limitaciones imaginables en un pequeño mercado consumidor y de baja capacidad de exportación. Es difícil negar, con todo, los empeños que en el entremedio velaron por ese proceso industrializador y la cuidadosa atención que el Batllismo le prestó. A ella debe imputarse la promoción (...) de una clase obrera estable y básicamente integrada en la sociedad global del país. También el ensanchamiento de la habilitación técnica que representaron ciertas formas de fomento educacional, una nueva organización de la enseñanza industrial (1916) y, en general, el designio de una auténtica difusión de los estudios. Todos estos avances constituyeron tal vez los rubros menos deliberados pero de más largos y amplios efectos; no podría discutirse sin embargo que la clave de esa industrialización, que no es injusto llamar batllista, fue la política aduanera proteccionista -...- las relativamente tardías leyes de privilegios industriales (1919 y 1921) y ciertas medidas fiscales, entre las que resultaron fundamentales las normas de 1906, 1911 y 1912 –especialmente las de este último año- sobre franquicias a materias primas y máquinas.”
(Real de Azúa, ob. cit. p. 24)


“... la tarea educacional de esos años, que fue, en buena parte, obra batllista y que se orientó, como más arriba decía, en el sentido de universalizar efectivamente la enseñanza. Las escuelas nocturnas para adultos (1906), los liceos departamentales (1912), el Liceo Nocturno (1919), la Universidad de Mujeres (1921) participan de un propósito que se une espontáneamente con la extensión del principio de gratuidad –implantado en las leyes Varela-Latorre de 1877 para la etapa escolar, extendido en 1916 para la media y superior- y con el de laicidad, consolidado en 1909. Aquellas instituciones, estos principios (sobre todo si se les agrega el de la obligatoriedad escolar, también de 1877), caracterizan nuestra educación. Pero además señalan la fidelidad con que el Batllismo recogió su inspiración tradicional, su veta iluminista, su profunda fé en la cultura intelectual como factor de movilidad social ascendente aunque también (sería un matiz diferencial con los admirados Estados Unidos) el ‘tope’ –así hay que llamarlo- ‘mesocrático’ de esa movilidad.”
(Real de Azúa, ob. cit. p. 25)



“La ley de ocho horas (1915), el descanso semanal (1920), la prevención de los accidentes del trabajo (1914), la ‘ley de la silla’ (1918), la del trabajo nocturno en las panaderías (1918), los salarios mínimos a los trabajadores rurales (1923), a los empleados públicos (1925), y a los que trabajan en obras públicas (1927), podrían ser medidas irrelevantes, insignificativas, sobre todo si se nota al registrar los textos de la época, la ausencia de una legislación general de salarios, de indemnizaciones por despido, de organización sindical, de huelgas, de vacaciones, de conciliación de conflictos de trabajo, de contratos individuales y colectivos, de desocupación, de protección general a los menores. Pero todavía serían más si se obviara el claro apoyo que desde su primer período prestó Batlle a las actitudes combativas del proletariado organizado de Montevideo, su desusada decisión de mantener la neutralidad de las fuerzas del orden en el caso de huelgas violentas, su convicción en la necesidad de lucha y regateo para llegarse a una conciliación de clases que respetara los intereses de todos y salvara los fuerzas antagónicas -pero no irreconciliables para él-, del trabajo y del capital.
Si así se perfilaba en lo social, económicamente, el Batllismo buscó un desarrollo nacional basado en las ya apuntadas corrientes de industrialización y ensanchamiento de la gestión productora del Estado, expresión esta última -como casi todas las que siguen- de la marcada, deliberada voluntad del poder público de intervenir en la inversión del excedente nacional. Pero también ese desarrollo implicaba la modernización y diversificación productiva de la tierra, para las que propició un sistema, en verdad incipiente, de crédito y fomento rural (la sección correspondiente del Banco de la República fue establecida en 1912), terapéuticas fiscales a las que enseguida se aludirá, proyectos y leyes de colonización (desde 1913), la organización de la Defensa Rural, la de las Estaciones Agronómicas (1911), (con la famosa ‘Estanzuela’ (1919) entre ellas), y el tanteo metódico de otras posibilidades productoras del sector primario, que tal representaron los Institutos de Pesca (1911) de Geología, de Química (1912).
Pero lo que daría, en puridad, su sello a la gestión promocional económica del Batllismo sería su enérgica política de obras públicas, en la que hay que inscribir la ley de Vialidad de 1905, una orgánica ley de expropiaciones (1912), el Ente de los ferrocarriles del Estado y un largo rol de obras de toda especie, de un cabo al otro del país.”
(Real de Azúa, ob cit. pp. 27, 28)


“... las jornadas de trabajo, en general eran superiores a las ocho horas y los gremios que habían logrado esa conquista (Carpinteros de Obra Blanca, Albañiles, Sastres, etc), tuvieron enormes dificultades para hacer que patronales respetaran el horario”. (Universindo Rodríguez - "Los sectores populares" p. 42)




Durante los primeros meses de 1911, los conservadores esperaban que Batlle se hubiera moderado y reconocían de Batlle: “... haber terminado en 1904 con la inseguridad política derivada de los repartos ‘feudales’ de jefaturas políticas y ostentar una severa probidad en el manejo de los dineros públicos.” (El Siglo. 1/1/1913)









“El primer acto de gobierno que desilusionó a las clases conservadoras fue la presentación en las Cámaras, el 26 de abril de 1911, del proyecto de monopolización de los seguros por parte del Estado. A partir de entonces, se desato la ofensiva antirreformista.” (Rodríguez, idem. p. 29 tomo 2)









“El 26 de junio de 1911, justo al mes de terminada la huelga general, el Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto de legislación laboral que además de regularizar el trabajo de los niños y de las mujeres, planteaba como cuestión medular la jornada de ocho horas de trabajo para fábricas, talleres y comercios.” (Rodríguez, idem. tomo 2 p. 133)


“Estas huelgas, gestiones y petitorios realizados permitieron que la mayoría de los gremios obtuvieran las ocho horas (aunque no todos pudieron mantenerlas) antes que éstas fueran sancionadas definitivamente por el Parlamento, recién en 1915.” (Rodríguez, idem. tomo 2 p. 134-135)








jueves, 29 de octubre de 2015

la economia en los 60 y durante la dictadura


“La temprana urbanización y un módulo de distribución del ingreso bastante más progresivo que en los demás países de la América Latina, constituían fundamentos importantes de la absorción referida. Este crecimiento de la industria sustitutiva de importaciones se convirtió entonces en el principal factor de dinamismo de la producción nacional, pero nunca llegó a alterar el tipo de inserción internacional del país. Su única incidencia destacable sobre el comercio exterior consistió en la modificación de la estructura de las importaciones, al reducirse la participación relativa de los bienes de consumo e incrementarse las de los insumos y los bienes de capital, con lo que disminuyó progresivamente, el margen de maniobra del Uruguay para seguir adelante por el camino asociado a este patrón de crecimiento.
Es que la interrelación existente entre los límites del mercado interno, la dependencia tecnológica, las crecientes escalas de producción requeridas y las exigencias planteadas para mantener un nivel de rentabilidad suficiente como para seguir estimulando la expansión de la producción, representó un obstáculo insuperable para el sector, que no obstante la presencia permanente de la protección estatal, se estancó hacia mediados de los años cincuenta del siglo pasado, como lo demuestran los índices del volumen físico del producto bruto interno generado por las diferentes ramas de la industria manufacturera. (…)
El Uruguay llegó entonces a la segunda mitad del decenio de los cincuenta del siglo XX con un escenario de estancamiento global de su producción material. La tasa de inversión bruta cayó a un nivel apenas superior al 10 por ciento –guarismo que ponía apenas la reposición anual del capital despreciado- y el ritmo de evolución del producto bruto interno disminuyó notoriamente respecto a la década precedente. En particular, la caída de la inversión resultó especialmente notoria en el sector privado y afectó tanto a la construcción como a las maquinarias y los equipos, que son los dos principales rubros en el proceso de formación de capital en el Uruguay. En estas circunstancias, crecieron las dificultades en el funcionamiento de la economía hacia comienzos de los años sesenta, que condujeron a serios desequilibrios, alteraciones negativas en el campo laboral, deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población y contradicciones sociales que se alimentaron especialmente de una pugna creciente por mantener participaciones relativas en un producto que no crecía.
(…)
(…) el desequilibrio externo surge a partir del estancamiento de las exportaciones y una estructura rígida de importaciones, en la que se habían sustituído las de bienes de consumo, pero se mantenían las de insumos y bienes de capital como una exigencia permanente para el funcionamiento de la industria. Por este camino, se llegó rápidamente a un déficit comercial pronunciado, a una pérdida importante de reservas internacionales y a un acelerado crecimiento del endeudamiento. En efecto, hacia mediados de los años sesenta del siglo XX, la deuda externa ya había superado los 400 millones de dólares y diez años más tarde alcanzó el nivel de los 1000 millones, cifra que representaba –aproximadamente- el volumen de ingresos que el país obtenía por más de dos años de exportaciones. En particular, cabe destacar el rápido crecimiento de la deuda externa del sector público no monetario, esto es, el gobierno central y las empresas públicas.” (Instituto de economía (2001)Uruguay del siglo XX. La economía. Montevideo: Ed. Banda Oriental p. 76, 77, 78, 79)

“… la crisis financiera interna se manifestaba como un creciente desequilibrio entre los ingresos y los egresos del sector público, con la consecuente expansión del déficit fiscal. Así, por ejemplo, si se observa la gestión de caja del gobierno central, el valor real de dicho déficit aumentó casi en un 40 por ciento entre los trienios 1963-1965 y 1972-1974.” (p. 80)

“El tipo de cambio constituye una de las variables relevantes en el análisis del proceso inflacionario uruguayo. (…) ha sido uno de los centros de las presiones de determinados grupos sociales, como los exportadores –en especial los ganaderos y los frigoríficos- en el marco del enfrentamiento por mantener o acrecentar las participaciones relativas en la distribución del ingreso, al que se hizo referencia antes.
(…) Aún cuando es cierto que las devaluaciones sucesivas que se aceleraron especialmente a contar de la finalización del decenio de los cincuenta respondieron a su vez –en buena medida- a la acción de otros factores generadores de inflación, también es preciso reconocer que, a determinada altura del proceso, el manejo que se hizo del tipo de cambio contribuyó a agudizar la elevación de los precios internos.
(…) Así, no obstante la espiral referida, la propia naturaleza de este desequilibrio –en la que el ritmo de ajuste de los precios es mucho más fluido que el que caracteriza a los salarios y otros ingresos fijos- la convierte en un factor de concentración regresiva de las participaciones relativas de los distintos grupos sociales en la distribución de los frutos de la producción.
(…)
(…) cabe señalar en primer lugar que la evidencia disponible al respecto indica que, en general, los trabajadores y el gobierno transfirieron ingresos hacia los grupos empresariales nacionales y el exterior, que los absorbió a través de las variaciones en la relación de términos del intercambio o los servicios de factores. En este sentido, algunos cálculos realizados en los últimos años para el período comprendido entre 1971 y 1976, han estimado que cerca del 98 por ciento de los ingresos transferidos corresponden al grupo de trabajadores, en tanto que el 70 por ciento de los mismos fueron captados por grupos de empresarios nacionales.” (pp. 84, 85)

“ … hasta mediados de los años setenta del siglo pasado, o sea, casi enseguida de finalizado el período cubierto por este trabajo, las repercusiones de la dinámica de la acumulación interna sobre los problemas propios de este recinto específico de la sociedad uruguaya pueden ser vistas como una agudización de los desequilibrios entre la oferta y la demanda de fuerza de trabajo –manifestados cuantitativa y cualitativamente- y un consecuente incremento en los niveles de desocupación y subocupación. En segundo lugar, la emigración en cuanto estrategia de sobrevivencia de grupos socialmente diferenciados supone –desde la perspectiva de funcionamiento del mercado laboral- una exportación de buena parte de la oferta excedente de fuerza de trabajo. Finalmente, el deterioro del salario real medio de los trabajadores se puede comprobar con claridad a medida que transcurren los años cubiertos por este análisis.
(…)
(…) a partir de la primera mitad de los años sesenta, comenzó a gestarse en el Uruguay un proceso de emigración que hasta 1975 involucró directamente –de acuerdo con los cálculos más cautelosos- a una cantidad de entre 250 y 300 mil personas, que se mantuvo elevado en 1976 y que pareció luego tender a endentecerse a partir de 1977.
(…) es importante señalar que los emigrantes poseían un nivel de educación relativamente alto, lo que estuvo asociado al hecho de que la creciente desarticulación entre el nivel medio de instrucción y capacitación de la población activa y los requerimientos que –desde este punto de vista- estaban implícitos en la demanda efectiva de mano de obra, desempeñó un papel importante en la explicación del proceso emigratorio. Así, se sabe que casi la mitad de los emigrantes entre 1963 y 1975 tenían instrucción primaria, que algo más de la tercera parte de los mismos estaban vinculados a la industria manufacturera, y que las tres cuartas partes eran nacidos en Montevideo. A ello hay que agregar que, como parte de la emigración, el Uruguay perdió más de un 13 por ciento de su población con instrucción secundaria, técnica o superior, y cerca de un 18 por ciento de la categoría conformada por profesionales, técnicos, gerentes y funcionarios administrativos.
Según ya fue dicho, los desequilibrios provocados por el proceso económico uruguayo sobre el ámbito laboral estuvieron acompañados por una tendencia al deterioro del salario real, sobre todo a partir de la primera mitad de los años sesenta, cuando simultáneamente se aceleró la inflación. Esta última asumió un papel fundamental en torno a la pugna social que apunta mantener o acrecentar las participaciones relativas en el ingreso, como ya se explicó antes.
(…)
Si se analizan los problemas ocupacionales del Uruguay durante el período comprendido entre 1955 y 1972 desde una perspectiva sectorial, las principales comprobaciones que es posible realizar refieren al mantenimiento de la tendencia expulsora de mano de obra que caracterizó tradicionalmente al sector agropecuario, la falta de cambios significativos en la insuficiencia de la absorción productiva de fuerza de trabajo que ha mostrado la industria manufacturera, la desmesurada participación relativa del empleo en las actividades terciarias y la relevante declinación del sector público como fuente de ocupación.
Al comentar en particular estos aspectos sectoriales, hay que señalar que la muy baja y descendente importancia relativa del sector agropecuario como fuente de trabajo es un rasgo histórico esencial de la economía uruguaya, y está asociado al carácter primordialmente extensivo de su producción ganadera que, según se dijo antes, ha basado siempre su competitividad internacional en la dotación de recursos naturales. Si se tiene en cuenta que con la sola excepción del decenio comprendido entre mediados de los cuarenta y los cincuenta –cuando crecieron los cultivos a impulsos de una política estatal específica- la ganadería ha ocupado alrededor de 15 de los casi 17 millones de hectáreas con aptitud agropecuaria, se puede apreciar la enorme influencia que la extensividad del rubro ha tenido sobre el ritmo de creación de oportunidades de trabajo en el país considerado en su conjunto.
(…)
Cuando comenzaba el decenio de los sesenta, el agro generaba más de la tercera parte de la ocupación fuera del departamento de Montevideo. Hacia fines de la década siguiente, esa proporción cayó a la cuarta parte. Este ritmo revela la magnitud de la tendencia expulsora del sector, la que –por su parte- ha provocado una continua y creciente corriente migratoria interna hacia los sectores urbanos. (…)
Simultáneamente, la economía uruguaya no tuvo durante las décadas de los cincuenta y los sesenta, otro sector de la producción material que absorbiera productivamente los excedentes de fuerza de trabajo. En este sentido, la mayor responsabilidad debe ser asignada a la industria manufacturera que, a contar del estancamiento que la afectó desde mediados de los cincuenta, disminuyó relativamente su ya limitada generación de puestos de trabajo.
(…)
(…) el sector industrial ha sido el que concentró la mayor parte de los desocupados que no buscan trabajo por primera vez, aún cuando debe señalarse que esa proporción también mostró una evolución decreciente. Ello tiene que ver con el hecho de que una alta proporción de los emigrantes entre 1963 y 1975 –que ha sido estimada en más de 34 por ciento- estaban vinculados a la industria manufacturera, perteneciendo mayoritariamente a la categoría de artesanos, operarios y jornaleros.
Hacia fines del período que se viene analizando, la industria manufacturera concentraba menos de la quinta parte de la población económicamente activa del país –lo que ilustra claramente acerca de su poca importancia relativa como fuente ocupacional- y las ramas individualmente consideradas que tenían un mayor nivel absoluto de empleo eran las siguientes: textil y cuero; alimentos, bebidas y tabaco; caucho; química y metalúrgica. Al mismo tiempo, con la excepción de la construcción, era el sector de la economía que mostraba más altas tasas de desempleo abierto.
(…)
(…) la carencia de una industria fuerte que cumpliera un papel dinámico en la absorción productiva de fuerza de trabajo originó un vacío que fue ocupado –desde este punto de vista- por el sector público, apoyado en la conformación tradicional del Estado uruguayo.” (pp. 86 - 92)

“Con la dictadura ya instalada a contar de 1973, el Uruguay comenzaría a conocer una política de liberalización y apertura que provocaría una fuerte compresión del salario real –mucho más allá de las posibilidades que permitía la inflación al respecto- y una nueva experiencia de articulación a la economía mundial.” (p. 94)

“El gobierno que asumió en marzo de 1972 duró poco más de un año, hasta el golpe de Estado de junio de 1973. Tuvo que enfrentar la crisis de pagos externos que se inició a fines de 1971 y que se manifestó en caída de reservas, acelerado aumento del endeudamiento externo, atraso en los pagos a proveedores y quiebra de bancos.
Definió una nueva estrategia económica en el Plan Nacional de Desarrollo 1973-1977 (PND) aprobado por el Poder Ejecutivo en abril de 1973 luego de ser analizado por el Consejo de Seguridad Nacional (COSENA).
El modelo de desarrollo intentó aumentar las exportaciones con una mayor explotación de los recursos naturales del país y procesamiento de sus materias primas. La Ley de Promoción Industrial y el Plan de Pesca agregaron estímulos crediticios y fiscales. La Ley de Inversiones Extranjeras estableció las garantías para la radicación y repatriación de capital y utilidades explicitando que podían acogerse a los demás estímulos de carácter general.
La política económica de corto plazo apunto a cumplir los compromisos de pagos externos. (…) Se firmaron cartas de intención con el FMI desde junio de 1972 y se logró su apoyo financiero para sostener el nivel de reservas y poner al día los atrasos de pagos externos.
(…) Finalmente, se aceleró la inflación y se inició una tendencia a la concentración del ingreso; el ritmo de inflación alcanzó al 86.8% promedio anual y el salario real en 1972 cayó 17%.” (pp. 96, 97)

“Las transferencias de ingresos desde los asalariados y los pasivos, como se explicará más adelante, aumentaron la rentabilidad media de la economía y los ingresos públicos. Financiaron las transferencias de ingresos al exterior, el aumento de la inversión y el mayor consumo de los no asalariados. La concentración del ingreso llevó a una reestructura del consumo privado, por la caída del consumo de los asalariados y pasivos y por lo tanto la demanda interna de bienes-salario, mientras que aumentó el consumo de los no asalariados con repercusión sobre la producción y las importaciones de bienes de consumo suntuario.
(…)
El permanente saldo negativo en cuenta corriente otorgó una nueva y creciente importancia al ingreso neto de capital, como condición del crecimiento del producto, permitió aumentar y diversificar las importaciones así como su liberalización, aumentar las reservas internacionales y mantener una situación fluida de pagos externos; con el costo de un creciente endeudamiento externo.
En la deuda externa del país, la deuda contraída por el Sector Público (Gobierno Nacional y Municipales; Bancos y otras Empresas Públicas) fue más importantes que la del Sector Privado. El principal componente fue el sector público no monetario (Gobierno Nacional y Empresas Públicas) y dentro de éste, la colocación de bonos y letras en moneda extranjera.” (p. 99)

“Las condiciones políticas contribuyeron a: proporcionar seguridad para el ingreso de capital del exterior así como para la inversión privada local; procesar las transferencias de ingresos, en particular, mediante la contracción de los ingresos reales de asalariados y pasivos …” (p. 100)

“El desempleo abierto aumentó al 14.3% en 1984. El salario real medio cayó un 30% entre 1982 y 1984, continuando una tendencia iniciada en 1971 y que lleva al final del período a la capacidad de compra del salario aproximadamente a la mitad de la de 1968/71. Las pasividades en términos reales tienen una evolución muy parecida y su caída en los dos últimos años del período se puede estimar en torno al 30%.
Los cambios en el Estado y en la economía derivaron en el ascendente protagonismo de un nuevo actor social. Hasta principios de la década del setenta se identificaban tres actores principales aunque no únicos, los ganaderos, los industriales y los asalariados urbanos. Los primeros generaban la producción exportable y las exportaciones eran la principal y casi única fuente de moneda extranjera. La moneda extranjera permitía importar las materias primas y los equipos para la industria protegida, que generaba los nuevos puestos de trabajo. Con el desarrollo de la industria y los servicios públicos, aumentan los asalariados urbanos.
Al final del período podemos hablar de un cuarto socio, el capital financiero. Tiene su base en las instituciones de intermediación financiera y articula también a los acreedores externos y los propietarios de depósitos bancarios, residentes en el país o en el exterior.” (Dassatti, C., Márquez, G. (2012) La economía uruguaya 1960-2010, en 1960-2010 Medio siglo de Historia Uruguaya. Montevideo: Ed. Banda Oriental pp. 120, 121)

“El 1º de noviembre de 1967 asumió como nuevo ministro de Economía del Gobierno del Gral. Gestido el Dr. César Charlone. Dicho cambio de autoridades determinó una vuelta a las prácticas dictadas por el FMI, siendo los principales objetivos de política económica el logro de la estabilización en el nivel de precios y el equilibrio en las cuentas externas. Se esperaba que, con el cumplimiento de dichos objetivos, se lograría la repatriación de capitales, la recomposición del ahorro privado y la confianza por parte de los mercados internacionales. De esta manera, las principales medidas adoptadas fueron las siguientes:
  • devaluación del tipo de cambio oficial, que pasó de $99 a $200 por dólar, en noviembre de 1967.
  • Reunificación del mercado cambiario.
  • Liberación de dicho mercado, con la salvedad de que las operaciones de divisas derivadas de las exportaciones tradicionales deberían tramitarse a través del BROU.
  • Limitación del crédito, restricción de los aumentos salariales y reducción del déficit fiscal, con el fin de eliminar presiones inflacionarias por el lado de la demanda.
No obstante, a pesar del cumplimiento de las metas planteadas, la persistente inflación condujo a una nueva devaluación en abril de 1968, llevando la cotización del dólar a $250. (…) la situación de estancamiento económico potenció la presencia de prácticas especulativas, las cuales se intensificaron en este período, encontrándose entre las principales causas de las presiones inflacionarias.” (163, 164)

“Las circunstancias económicas en 1968 planteaban como principales problemas a enfrentar: un elevado déficit fiscal, un significativo nivel de endeudamiento con el exterior y un acelerado ritmo inflacionario. Este agravamiento del clima económico se vio acompañado de –y en cierta medida alimentó- un deterioro de las relaciones entre sectores de la sociedad, caracterizado principalmente por la confrontación. (…)
Los principales objetivos de la política económica en este período se basaron en el logro del equilibrio externo y la estabilización del nivel de precios. Con respecto al primero, se buscaba recuperar el nivel de reservas internacionales y reducir el endeudamiento externo de corto plazo. Con respecto al objetivo en materia de política inflacionaria, se instrumentó un plan de estabilización a partir del cual se decretaba la congelación de precios y salarios.
Dicha medida se implementó con anterioridad al ajuste corrector del salario real, determinando así una fuerte depresión en su nivel; en cambio, en el momento de implementarse el decreto, los sectores empresariales ya habían remarcado sus precios de venta. A la suspensión de los Consejos de Salarios (en funcionamiento desde 1944), le siguió la creación de la Comisión de Precios e Ingresos (COPRIN), entidad pública a cargo del control de las nuevas escalas de precios y salarios fijadas por decreto.” (p. 164)


La política económica de la dictadura
Primera etapa, 1974-1978: ‘intervencionismo reestructurador’
Este período marca la adopción de una política inspirada en el Plan de Nacional de Desarrollo 1973-77, complementado luego en los Cónclaves de San Miguel y Nirvana (de agosto y octubre de 1973, respectivamente) con la finalidad de promover cambios estructurales en la economía del país. La estrategia se basó en la opción aperturista y de integración económica y comercial con el mundo. (…)
Se impulsó la expansión del sector exportador en el entendido de que su crecimiento provocaría el arrastre del resto de la economía. Durante este período, luego de un estancamiento económico de veinte años, el país logró una etapa de crecimiento apoyado en la inversión y las exportaciones. El costo de esto fue una concentración del ingreso y una disminución del salario real.
Este período ha sido llamado ‘intervencionismo reestructurador o ‘segundo modelo neoliberal’. A pesar de que el principio declarado era apoyarse en el libre mercado para la distribución de los recursos y regular el funcionamiento de la economía, la práctica intervencionista fue una característica permanente. El propósito era reestructurar la economía del país para superar aquellas trabas que, según esta concepción, impedían su desarrollo. Cabe destacar que esta reestructura no se llevó a cabo porque el libre juego del mercado así lo determinó, sino que el nuevo orden fue impuesto utilizando para ello el poder coercitivo que la situación política dictatorial brindaba.
(…) En 1974 se designó al Ing. Alejandro Végh Villegas como ministro de Economía. Los pilares de la nueva política económica serían los objetivos de crecimientos, liberalización, apertura y estabilización, y la reducción de la participación del Estado. La apertura comercial aproximaría la estructura de precios internos a la estructura de precios internos a la estructura de precios internacionales y, de ese modo, los recursos se asignarían según el principio de las ventajas comparativas.” (pp. 170,171)

Segunda etapa, 1978-1982: ‘liberalismo estabilizador’
En el análisis de los objetivos de política económica en el período comprendido entre 1978 y 1982 se pueden encontrar dos etapas: en la primera, hasta fines de 1981, el objetivo primordial fue la estabilización de precios con una instrumentación de carácter liberal, en tanto que en una segunda etapa se incorpora la preocupación por atenuar la recesión retomándose cierto grado de intervencionismo.” (p. 181)

“En octubre de 1978 el gobierno anunció la introducción de ‘la tablita’, una planificación diaria del tipo de cambio unificado (comercial y financiero) que estaría vigente hasta seis o nueve meses después. El objetivo de esta nueva política cambiaria era la reducción del volumen de transacciones especulativas y de riesgo cambiario y la disminución de las expectativas de inflación futura (la tasa de inflación doméstica debería converger a la tasa de inflación internacional más la cada vez menor tasa de devaluación del peso).
(…) el BCU solo emitiría dinero contra el ingreso de divisas y lo retiraría cuando egresaran divisas, por lo que su capacidad para conceder crédito y aumentar el circulante en la economía se encontraría limitada. Como resultado, desaparecerían los aumentos de precios originados en la emisión descontrolada de origen monetario o fiscal, de modo que tanto los precios como las tasas de interés internas convergerían a las internacionales.
Para que esto fuera posible era necesaria la eliminación de todos los obstáculos al libre movimiento de capitales.” (p. 182)

“En concordancia con el nuevo enfoque de política cambiaria, fueron eliminados los controles sobre la oferta de dinero. De esta manera, a fines de 1978 comenzaron a reducirse los encajes obligatorios y, a fines de marzo de 1979, los mismos fueron eliminados así como también las operaciones de mercado abierto.
Al mismo tiempo, el proceso de liberalización financiera intensificó su ritmo, como lo demuestran la liberalización de las tasas de interés en setiembre de 1979, la derogación del Impuesto Único a la Actividad Bancaria, el aumento de los márgenes de receptividad de los depósitos y la autorización del establecimiento de nuevas instituciones bancarias. (…) el número de casas bancarias se multiplicó, y pasaron a basar su negocio netamente en la actividad off-shore.
Por último, cabe destacar que, como resultado del proyecto de transformar a Uruguay en una plaza financiera internacional, se dio una importante extranjerización e internacionalización del sistema financiero uruguayo. Esto se explica por la instalación de trece nuevas casas bancarias filiales de capital extranjero y la venta de cuatro bancos de capitales nacionales a extranjeros, así como por el aumento de la importancia relativa de las operaciones en los mercados financieros externos. No obstante, la plaza financiera tuvo un carácter regional, en la medida que los capitales que ingresaron eran fundamentalmente de los países vecinos.” (p. 183)

“El endeudamiento externo registró aumentos derivados de la entrada de capitales dirigida al sector privado y del financiamiento público. Dentro del sector privado, el subsector que dominó la expansión de la deuda externa fue el bancario, debido fundamentalmente al incremento de los depósitos de no residentes. Con respecto al sector público, el subsector público no financiero fue dominante, dentro de cuyo destino se destacó el rubro infraestructura (financiación de la represa hidroeléctrica de Palmar).
(…)
Hacia 1982, la inseguridad, tanto financiera como cambiaria (derivada la primera de las crecientes dificultades de pago de los deudores bancarios y la segunda de la progresiva desconfianza en el mantenimiento del cronograma cambiario), se tradujo en una significativa fuga de capitales.
Como consecuencia del aumento del déficit de cuenta corriente y de la reversión del flujo de ingreso de capitales, se deterioraron los niveles de reservas internacionales del BCU, a lo que también contribuyó la considerable fuga de recursos financieros nacionales hacia el exterior. Otro factor que influyó en la pérdida de reservas fue la creciente transformación en dólares de gran parte de los depósitos a plazo denominados en moneda nacional.
De esta manera, la pérdida neta de reservas internacionales (de alrededor de 638 millones de dólares) excedió a las ganancias netas generadas en los años anteriores, culminando en la incapacidad de pagos externos a fines de 1982.” (pp. 186, 187)

“El detonante de la recesión que se inició a partir del segundo semestre de 1981 fue la reversión de la relación de precios favorable con Argentina, como consecuencia del abandono del cronograma cambiario en dicho país en marzo de 1981. Esto se sumó a la situación económica ya deteriorada por la recesión internacional y el impacto de las crecientes tasas de interés en el servicio de la deuda externa uruguaya.” (p. 187)

Tipo de cambio
En octubre de 1978 se dio inicio al régimen conocido como ‘la tablita’, el cual consistió en una planificación diaria del tipo de cambio (unificado) por un período de entre seis a nueve meses. Esta nueva política cambiaria implicaba la administración de las reservas internacionales y un manejo muy cuidadoso del gasto público.
Si bien en la teoría se esperaba lograr una alineación de los precios internos a los internacionales, en la práctica la variación del tipo de cambio nominal comenzó a mostrar rezagos con respecto a la evolución de los precios internos, afectando de forma negativa a la competitividad del país con el resto del mundo.
Finalmente, la pérdida de reservas internacionales registrada en 1982 puso en jaque la sostenibilidad del régimen cambiario imperante.” (p. 188)

“Expansión de la actividad financiera
El sector financiero se vio ampliamente beneficiado con las políticas aplicadas en el período.
Todo esto fue posible debido a la ausencia de controles regulatorios, producto del profundo proceso de liberalización aplicado en el sector financiero en este período. De esta manera, el acceso prácticamente irrestricto al crédito abundante se conjugó con su utilización frecuentemente imprudente.
La combinación de la mayor disponibilidad crediticia en conjunto con la existencia de expectativas favorables en algunos sectores económicos, se tradujo en el surgimiento de booms económicos con un elevado contenido especulativo. Como consecuencia, se verificó un sostenido crecimiento de la deuda de los distintos sectores productivos con el sistema bancario privado. Al mismo tiempo, tuvo lugar una fuerte expansión del crédito al consumo como fuente de financiamiento de compras de bienes de consumo duradero importados.” (p. 189)

“Otra de las consecuencias de la profundización de la apertura financiera registrada en el período se refiere a la dolarización de la economía y, principalmente, del sector financiero. Como ya mencionamos, la existencia de fuertes atractivos de rentabilidad para las operaciones en dólares, en conjunto con la existencia de atraso cambiario, motivaron un fuerte ingreso de capitales extranjeros con fines especulativos, una contracción progresiva de la base monetaria y una utilización más intensiva del dólar como unidad de cuenta y depósito de valor.” (p. 191)

Caída de salarios y pasividades
Con respecto a la situación de los asalariados y pasivos, la transferencia de ingresos desde estos sectores hacia el sector empresarial siguió vigente. En particular, en el período 1978-1982, dicha transferencia se apoyó fundamentalmente en los sectores de menores ingresos. Como contrapartida, los ingresos del capital global continuaron aumentando. No obstante, en este período se observó una nueva tendencia en cuanto a la redistribución de ingresos; la transferencia desde el capital comercial y productivo hacia el capital financiero.
Como consecuencia del continuo deterioro de los ingresos de la clase trabajadora se produjo una mayor concentración del ingreso, provocando como respuesta estrategias de supervivencia como el ‘sobretrabajo’ o la emigración.” (p. 191)

Tercera etapa, 1982-1984: ‘intervencionismo de supervivencia’
(…) El 25 de noviembre de 1982 el BCU comunicó su retiro del mercado cambiario, dando fin así al régimen cambiario de ‘la tablita’. La grave situación económica que enfrentaba el país fue uno de los principales factores que explicaron este cambio de política. En particular, existía una crítica situación en el sector externo, que se traducía en una continua pérdida de reservas internacionales y en crecientes dificultades para hacer frente a los pagos externos.
Las políticas aplicadas en este período respondieron a las condiciones plasmadas en el crédito firmado con el FMI en febrero de 1983. Dicho organismo desempeñó un rol de intermediación entre Uruguay y sus acreedores, la banca privada internacional.
(…)la política económica aplicada durante el período comprendido entre fines de noviembre de 1982 y fines de 1984 puede ser considerada como un ‘intervencionismo de supervivencia. Esta caracterización responde a dos aspectos: por un lado, el manejo de los instrumentos de política económica implicó la sustitución del rol del mercado por parte del Estado, en tanto que, por otro lado, se buscaba el logro de mejores condiciones para subsistir en la crisis.
Entre fines de 1982 y comienzos de 1983 se definieron los lineamientos generales de la política económica del período, los cuales se dieron a conocer en un comunicado del gobierno del 26 de noviembre de 1982 y en la Carta de Intención dirigida al Fondo Monetario Internacional (FMI) del 1º de febrero de 1983.
En el marco de una situación deteriorada, el Gobierno debió recurrir a la asistencia financiera del FMI, para lo cual se comprometió a desarrollar un programa de ajuste de los desequilibrios existentes. (…) En este período, una importante porción de la deuda externa de nuestro país tenía como acreedores a los bancos transnacionales, y la asistencia del FMI era insuficiente para atender el calendario de pagos previsto. De esta manera, el FMI desempeñó un rol de intermediación entre Uruguay y la banca transnacional, garantizando que el ajuste económico plasmado en el programa aseguraría el cobro de sus préstamos con los intereses correspondientes. (…)
La política cambiaria: flotación limpia
Los intentos de mantenimiento del cronograma cambiario se traducían en una continua pérdida de reservas internacionales. Esta situación llevó a que, el 25 de noviembre de 1982, se abandonara la política cambiaria de mini devaluaciones preanunciadas y se sustituyera por un régimen de libre flotación de la moneda. Asimismo, se eliminaron los reintegros y se redujeron los aranceles, traduciéndose en menores efectos de instrumentos fiscales sobre el tipo de cambio efectivo.
La intención del equipo económico de este período era, luego del aumento del tipo de cambio y un período de oscilaciones, cuando encontrara su nivel de equilibrio, llevar a cabo una política cambiaria flexible con posibles intervenciones de la autoridad monetaria. A partir de esta medida, el dólar pasó de N$ 13,81 en el último día de ‘la tablita’ a N$ 22 en el día de la reapertura del mercado, y a N$ 35 a fines de diciembre de 1982.” (p. 193)

La política comercial: nuevos pasos en la liberalización y apertura
Con respecto a las importaciones, se avanzó en el proceso de liberalización y apertura, a través de una fuerte reducción arancelaria y la eliminación de aforos y precios de referencia de carácter proteccionista. De esta manera, las importaciones que competían con los productos nacionales vieron reducir su arancel en un 30%, con un máximo que se fijó en 55%.
(…) La promoción de las exportaciones se basó principalmente en el tipo de cambio y en la reducción del costo de la mano de obra, y mantuvo un tratamiento igual para exportaciones tradicionales y no tradicionales.” (p. 193)

“Como consecuencia de la recesión, las carteras de deudas a cobrar por parte de los bancos se tornaban cada vez más difíciles de liquidar La situación se agravó aun más cuando, en agosto de 1982, México declaró la imposibilidad de pago de su deuda. La llegada de esta noticia en conjunto con el abandono del cronograma cambiario derivaron en un importante retiro de depósitos en el sistema bancario.
El Estado asumió la mayor parte de los costos de la crisis bancaria, mediante la compra de carteras y la absorción de los bancos en dificultades por parte del BROU y/o la Corporación Nacional para el Desarrollo.” (p. 194)